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Hay quien busca el Yoga en el extranjero, en la India, en el Himalaya o en lugares fascinantes... Lo cierto es que no hace falta irse tan lejos. Quédate donde estás, pues el viaje empieza en ti y la búsqueda culmina en ti. Nada hallarás fuera de ti que no se encuentre dentro de ti.



Niyama

El segundo peldaño del yoga clásico, se llama Niyama, y significa observancias o hábitos positivos. Son 5, que junto a los 5 yamas, hacen los «10 mandamientos del yoga» o el decálogo del yoga.


En la versión ortodoxa, Yama es lo que no hay que hacer y Niyama es lo que hay que hacer. Desde mi punto de vista, si el yoga nos tiene que decir lo que sí y lo que no tenemos que hacer, estamos siguiendo una religión. Por eso, a mí me gusta definir el Yama como «preceptos éticos y morales» y el Niyama como «hábitos positivos».


Niyama

En este artículo haremos un breve resumen de cada uno de los niyamas, y en los siguientes artículos los veremos a fondo uno a uno.

1- Saucha: Pureza. Mantener el cuerpo físico en correctas condiciones de higiene. También cultivar la pureza interior de emociones y pensamientos.

2- Santosha: Contentamiento. Cultivar el pensamientos positivo, ser agradecido con todo lo que tenemos y lograr ser felices mediante el contentamiento, que es muy diferente del conformismo.

3- Tapas: Autodisciplina. Poseer una rutina de trabajo interior y seguirla con paciencia y constancia.

4- Svadhyaya:
Estudio. Estudio de uno mismo y de los textos clásicos de sabiduría.

5- Ishvara pranidhana: Entrega, compromiso y colaboración con Dios. Un concepto difícil que habrá que explicar bien.


Hábitos positivos

Los niyamas, al igual que los yamas, suelen ser «los grandes olvidados» del yoga, y ni se conocen ni se practican lo suficiente. El yoga comienza por estos dos peldaños tan importantes.


Aimar Rollán (Gopal) 
 

Resumen general de los yamas

Vamos a ver de forma resumida los 5 yamas del yoga, que conforman el primer peldaño de los 8 que tiene el yoga clásico.

Resumen de los yamas del yoga

Los yamas se pueden ver desde dos puntos de vista diferentes:

Tradicional

Yama = restricciones = lo que no hay que hacer

1. Ahimsa = No violencia
2. Satya = no mentir
3. Asteya = no robar
4. Brahmacharya = no mantener relaciones sexuales
5. Aparigraha = no acumular posesiones materiales

Este punto de vista es bastante seguido y aceptado por las escuelas ortodoxas de yoga y por los swamis, monjes o ascetas, ya que seguir esos principios implica hacer votos de castidad y de pobreza, entre otras cosas.

El siguiente punto de vista es más moderado, y es el que yo personalmente sigo y enseño.

Moderno

Yama = preceptos éticos y morales

1. Ahimsa = amor al prójimo
2. Satya = buscar y expresar la verdad
3. Asteya = honradez
4. Brahmacharya = moderación
5. Aparigraha = desapego hacia las posesiones materiales

Estos cinco principios son universales y atemporales, y un buen yogui, al igual que un buen ser humano, se caracteriza por tener estos principios integrados en su ser. Esta es la base del yoga; esta es la puerta de entrada hacia el yoga; esto es sumamente importante y no se enseña lo suficiente en las escuelas de yoga.

Haz click en cada yama para obtener una descripción más detallada sobre ellos.


9ª lección del Curso de yoga para intermedios
 


Aimar Rollán (Gopal)

Aparigraha (Desapego hacia los bienes materiales)

El quinto y último yama es aparigraha, traducido como «no acumular», «no codiciar» o «no recibir regalos». También se puede traducir como «desapego hacia los bienes materiales».


Parece ser algo habitual que los monjes de todas las tradiciones, tanto orientales como occidentales, hagan votos de pobreza. Esto hay que entenderlo correctamente en un contexto adecuado.



Aparigraha

Los monjes o bien viven de limosnas, o al amparo de su convento o monasterio, sustentados de comida y techo. Pero hoy en día, los que no somos monjes necesitamos de bienes materiales para vivir, o como mínimo, para sobrevivir.

Los monjes orientales sostienen que los bienes materiales distraen al buscador de la verdad y lo encadenan al mundo material. Los monjes occidentales se basan en el pasaje del Evangelio que dice  que «Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos».

Pero esto hay que interpretarlo de forma correcta:

El peligro de la codicia y de la riqueza es que nos obsesionemos tanto con lo material que no dirijamos nuestra mirada hacia lo espiritual. De aquí surge la frase del Evangelio, no por la riqueza en sí misma, sino por el apego que tiene el rico hacia su riqueza. Un rico desapegado de su dinero puede perfectamente entrar en el Reino de los Cielos. Por eso la clave no está en «no acumular», sino en el desapego hacia los bienes materiales.

En este mundo lleno de desequilibrios e injusticias sociales, la riqueza no es un problema como muchos opinan, el verdadero problema es la pobreza. El mundo es próspero, muy próspero, y bien repartido y bien gestionado (con amor), hay riqueza para todos, prosperidad material para todos.

¿Hay que ser pobre? ¿Hay que hacer un voto de pobreza? ¿Es pecado ser rico o acumular dinero? No. Rotundamente no. Lo que hay que hacer es ser consciente de que hay una realidad espiritual, que la materia no lo es todo, e ir adquiriendo cierto desapego hacia los bienes materiales, pero sin descuidarlos ni dejar de valorarlos. Este es mi punto de vista.


Desapego

Uno de los simbolismos de la cruz es que el travesaño horizontal representa la materia, y el travesaño vertical el espíritu. Hay que equilibrarlos. Si nos enfocamos solo en lo material nos desequilibramos; si nos enfocamos solo en lo espiritual nos desequilibramos. Equilibrio, el punto medio…

Hay que trabajar para obtener un sustento y bienes materiales, a no ser que queramos vivir de limosnas, de la caridad o abusar de la seguridad social. Está bien tener cierta educación financiera para asegurar nuestra jubilación, mediante bienes inmuebles o productos financieros. No hay que olvidarse tampoco de hacer donaciones a los más necesitados (esto los «no ricos» no pueden hacerlo). Por otro lado, tampoco hay que descuidar nuestra faceta espiritual y seguir siempre haciendo un trabajo interior y buscar la verdad. Esta es la clave.

Este es mi punto de vista sobre aparigraha.


8ª lección del curso de yoga para intermedios:
 

Aimar Rollán (Gopal)

Presentación en Madrid del libro Aprende a meditar

El próximo sábado 8 de octubre del 2016 a las 19 horas haré una presentación sobre mi libro APRENDE A MEDITAR, en la Librería El olor de la lluvia.


La entrada es gratuita y de libre acceso. Trataremos de exponer las ideas fundamentales del libro, sobre cómo aprender a meditar siguiendo un plan de 8 semanas, y haremos algún ejercicio práctico.

 

Librería El olor de la lluvia
C/ De las Maldonadas 6, Madrid 

La latina

www.elolordelalluvia.es

 

¡Animaros a venir! 

 

BRAHMACHARYA (Moderación)

Brahmacharya es el 4º punto del Yama (primer peldaño del yoga), y muchas veces se traduce como castidad o celibato, pero nosotros lo interpretaremos como la virtud de la moderación.


Según el hinduismo antiguo, hay cuatro edades en el hombre:


  • Brahmacharya: Etapa de estudiante célibe (adolescencia).  
  • Grihasta: Etapa de padre de familia (edad adulta).
  • Vanaprastha: Etapa de asceta en busca de la verdad (edad madura).
  • Sannyasa: Etapa de renunciante entregado a Dios (vejez).

Brahmacharya

Brahmacharya significa «el que sigue la senda de Brahma», pero a menudo se traduce como celibato debido a que en esa etapa un requisito era el de permanecer célibe. Hoy en día esto está muy fuera de uso y es completamente ajeno a nuestro estilo de vida. Algunos yoguis y monjes (swamis) hacen votos de castidad, al igual que los monjes occidentales, pero no es necesario el celibato para la practica del yoga. La mayoría de nosotros, practicantes de yoga, tenemos que interpretarlo como «moderación».

La moderación es la virtud de la templanza, del justo término medio, del meden agan de los griegos, el «nada con exceso» (pero nada con exceso de mucho, ni con exceso de poco).

Si reprimimos un impulso natural tan poderoso como el sexo, eso puede llevarnos a graves trastornos de la personalidad y de la salud. La clave no está en reprimirlo, si no en controlarlo, en moderarlo. Hacer que el sexo sea algo útil, creativo y placentero en nuestra vida, sin que nos obsesione ni nos esclavice haciéndonos perseguirlo a toda costa como único objetivo en nuestra vida.

La búsqueda del sexo, del dinero y del poder son las tres grandes tentaciones del hombre, los tres grandes móviles de la vida que lo impulsan a moverse y a actuar en el mundo, pero esa búsqueda tan presente en la gran mayoría de seres humanos (eso forma parte de la naturaleza humana), nos puede hacer no dirigir nuestra mirada hacia otros aspectos más espirituales.

La moderación significa darle a cada cosa su importancia y no permitir que dirija nuestra vida.

Ser moderado, equilibrado, es una gran virtud que hay que trabajar duramente, pues los instintos y las pasiones humanas tienen muchísima fuerza, y si nos descuidamos, toman las riendas y el control de nuestra vida.


Moderación

Brahmacharya es moderación, ni represión ni libertinaje: moderación. Alcanzar el «justo término medio» y mantenernos en equilibrio en él. Esto no es nada fácil, que nadie se engañe.

Hay maestros que dicen que solo mediante el celibato se pueden sutilizar las energías sexuales en energías espirituales, despertar la kundalini, activar los chakras superiores y alcanzar la realización espiritual. Bueno, que cada uno crea o entienda lo que quiera. Yo personalmente creo en la moderación, y es lo que trato de alcanzar, aunque a veces caiga en excesos de todo tipo.


7ª lección del curso de yoga para intermedios:


Aimar Rollán (Gopal) 


ASTEYA (Honradez)

El tercer punto del Yama es asteya (no robar), pero nosotros lo definiremos como “honradez”.


Por lo general los yamas se pasan muy por alto a la hora de aprender yoga, y este punto concretamente se obvia demasiado, ya que la mayoría de nosotros no vamos a robar un banco ni ser ladrones de profesión, pero esto hay que definirlo mejor.


Asteya

La mayoría de nosotros no robamos no porque seamos virtuosos, sino por miedo a las represalias; por miedo a ser castigados y encarcelados por cometer un delito. En cambio, la honradez implica mucho más; la honradez es una virtud, y en caso de no existir leyes ni represalias, la persona honrada seguiría siendo honrada y no robaría, en cambio, “la ocasión hace al ladrón”, en el caso de aquellos que no tengan integrada fuertemente la virtud de la honradez.

En esta vida hay muchas formas de robar, no solo dinero o bienes materiales, también podemos robar tiempo y dedicación a los demás, así como recursos naturales de este planeta tan preciado.

Ser honrado significa ser consciente de todo aquello que nos corresponde por derecho sin intentar apropiarnos o agenciarnos de aquello que no es nuestro por derecho o no nos hemos merecido. El honrado también tiene confianza en la vida, y sabe que el universo es lo suficientemente próspero como para proveer a todos los seres de aquello que necesitan, sin la necesidad de recurrir al hurto.


Virtud honradez

El peligro de las virtudes es olvidarlas, y pensar que ya las tenemos integradas en nosotros. Si llega ese punto, corremos el peligro de descuidar la ética y la moral pensando que estamos por encima de ellas.

6ª lección del curso de yoga para intermedios:

 

Aimar Rollán (Gopal)
 

SATYA (la verdad)

El segundo punto del Yama es satya (verdad). La verdad es, después del amor, lo más importante del yoga y la segunda cualidad más importante que ha de adquirir el practicante de yoga.


Satya en sánscrito significa verdad; es el homólogo a la aletheia griega. ¿Por qué es importante la verdad? ¿Por qué es importante este punto? Porque la verdad es una cualidad que escasea; la verdad casi siempre está velada; la verdad es la enemiga mortal de la mentira, y la mentira y sus agentes, siempre están al acecho para silenciar y ocultar la verdad.


La Verdad, el Tiempo y la Historia

El practicante de yoga ha de conocer la palabra satya y tenerla siempre presente. ¿Qué sucede? Que en el mundo hay millones de practicantes de yoga, pero solo unos pocos conocen y expresan satya. ¿Por qué? Porque la naturaleza de la mentira es ocultar la verdad.

Satya significa la búsqueda de la verdad ante todo, y la expresión de esa verdad a través de nuestras palabras y actos.

A menudo se interpreta satya como “no decir mentiras”, a modo de mandamiento. Esto es muy simplista y una estratagema de la mentira para ocultar el verdadero significado de satya. ¿Qué sucede? Que la interpretación simplista de esta palabra induce a tomarla a la ligera. Los yamas apenas se enseñan; los preceptos se interpretan como algo simple: ahimsa (no ser violento), satya (no decir mentiras), asteya (no robar)… Y así, en breves pinceladas nos saltamos el primer peldaño del yoga y pasamos al segundo, el Niyama, que se interpreta igual de simple para pasar al tercer peldaño, las Asanas. ¡Ah, este sí, este sí que me gusta! Vamos a hacer estiramientos, vamos a “hacer yoga”, que el yoga es eso, “hacer estiramientos”. He aquí el triunfo de la mentira.

Satya es la búsqueda de la verdad y su posterior expresión. Satya es el segundo punto más importante del yoga después del amor. Lo repito por si aún no ha quedado claro.

“Buscad la verdad, y la verdad os hará libres” Juan 8:32




La verdad (Satya)


¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Cuál es nuestra verdadera naturaleza? ¿Cuáles son las fuerzas que rigen nuestra vida? ¿Cómo está organizado este drama cósmico? ¿Quiénes son los maestros de marionetas? ¿Cuál es la naturaleza de la mentira? Buscad la verdad.

Evidentemente no hallaremos todas esas verdades de golpe, y su búsqueda nos puede llevar toda una vida o toda una serie de vidas, pero no hay que perder de vista nunca el concepto de satya.

Satya aplicado a la ética y moral se interpreta como “no decir mentiras” o “ser veraces”. Esto está presente en la mayoría de tradiciones. Cada vez que mentimos, colaboramos con las fuerzas de la mentira en perpetuar la mentira. Por eso, hemos de procurar ser siempre veraces.

Pero ser veraces es mucho más que “no decir mentiras”. Ser veraces es ante todo ser coherentes entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Esta es la palabra clave de satya aplicada a la moral: COHERENCIA.

Es difícil ser coherente porque podemos decir todo lo que pensamos, pero luego a la hora de actuar, no es tan fácil hacer lo que decimos. “Practicar lo que se predica”, eso es coherencia; y creedme, no es nada fácil ser coherente, nada fácil… Yo reconozco que tengo que perfeccionar mucho mi satya, al igual que mi ahimsa. No soy coherente en muchas cosas y mi corazón aún no expresa del todo el amor. Pero este camino de evolución sirve para eso, para perfeccionar nuestras virtudes.

De este modo, si queréis encontrar un buen maestro, fijaos en su ahimsa y en su satya. Que no os impresionen sus palabras, ni su flexibilidad a la hora de hacer asanas, ni su cara de iluminado al meditar. Fijaos en su ahimsa y en su satya; fijaos en cómo expresa el amor y la verdad.

Decía Swami Sivananda, un gran maestro de yoga, que no debemos esperar a dominar un peldaño para pasar al siguiente peldaño del yoga, pues nunca pasaríamos del primero. Hemos de trabajar conjuntamente todos los peldaños del yoga (ética, moral, ejercicios físicos, respiraciones, meditación…). El problema es que a menudo nos creemos que hemos superado e integrado los primeros peldaños. El problema es que la mentira se camufle de virtud e ilusión y olvidemos la importancia de los primeros peldaños del yoga. La mentira triunfa cuando nos creemos que somos virtuosos sin serlo; cuando nos engañamos a nosotros mismos pensando que dominamos el yoga.


5ª lección del curso de yoga para intermedios
 

Aimar Rollán (Gopal)

El amor

El amor, ¡oh el amor!, podría hablar durante horas de esta palabra tan singular. Mucho se ha hablado sobre el amor y muchos han portado su nombre como estandarte. Si bien es cierto que el amor es el tema que más tinta y más lágrimas ha hecho derramar a lo largo de la historia, añadiré un poco más de esa locura con este discurso; aunque eso sí, comenzaré diciendo que hay que hablar menos sobre el amor, y amar más.

Vamos a intentar describir el amor desde todos los ángulos posibles, para no perdernos en un solo sentido de este gran concepto. Uno de los grandes problemas para definir el amor, es la limitación de nuestro lenguaje, pues solamente tenemos una palabra para definir muchas cosas. Llamamos amor a cualquier cosa: cariño, deseo, obsesión, dependencia, apego, amor (propiamente dicho)... 


Amor

Los antiguos griegos tenían tres palabras para definir el amor: eros, philos y agape. Eros era el amor pasional, el enamoramiento. Philos era el amor fraternal, la amistad. Agape era el amor divino, el Amor Universal —ese que se escribe con mayúsculas—. Los esquimales a su vez, en su lenguaje tienen varias decenas de nombres para denominar a los diferentes matices del color blanco. Si solo tuvieran uno, su concepción del mundo que les rodea sería muy limitada. Así nos sucede a nosotros con la palabra amor en la mayoría de idiomas actuales. Cuando decimos «te quiero», estamos diciendo tantas cosas que ni siquiera nosotros sabemos lo que queremos decir; faltan matices, falta vocabulario… Aunque, en la mayoría de los casos, cuando decimos «te quiero», en realidad estamos diciendo «te necesito».

El amor más elemental es el amor que surge entre familiares directos, el amor fraterno. Es cariño, ternura, protección, sentimiento de pertenencia a un círculo de personas. Especialmente cuando un niño es pequeño, surge un vínculo muy profundo con los padres y hermanos, siendo este amor muy importante y decisivo para el posterior desarrollo del niño; es su fuente de nutrición, de seguridad y de supervivencia. Así, dependiendo de la cantidad y calidad de amor que haya recibido, su personalidad quedará definida de una manera u otra.

También está el amor hacia los amigos, llamado amistad. Este es probablemente uno de los amores más puros, pues es, en cierta medida, incondicional. Al buen amigo todo se le perdona y se le comprende y aprecia sea como sea, haga lo que haga, diga lo que diga. En fin, ni que decir hay, que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Es con los amigos con quienes se camina codo con codo a lo largo de los grandes derroteros de la vida. La amistad, en algunos casos, es la más pura expresión del amor. Amigos así no abundan, se pueden tener muchos conocidos o muchos amigos (con minúsculas), pero amigos de verdad, Amigos con mayúsculas, en la mayoría de casos se cuentan con los dedos de las manos.

En otra escala está el tan fogoso amor hacia la amada o el amado. ¡Cómo puedo pretender yo describir tal emoción!, ¡cómo oso intentar plasmar en ridículas palabras el ardor que produce en nuestro corazón la presencia del amado, su tacto al contacto con nuestra piel o su divina silueta a nuestros ojos! Sí, creo que es innecesario describir este estado de enamoramiento; sencillamente, el objeto amado es la razón de ser. Pero en este caso, lo llamaremos amor con minúsculas, pues es una emoción, una pasión; algo que surge de la boca del estomago, no del corazón. En las fases iniciales del enamoramiento solo hay química, pasión, cariño y esperanzas de futuro. Solo vemos nuestro lado bueno reflejado en el otro. Están fusionados el instinto de procreación, la emoción de la afectividad y el pensamiento de estabilizar nuestra vida. Hay una parte animal en nosotros, la del instinto; esa parte inconsciente, y muy necesaria, que nos hace unirnos en parejas con el objetivo de perpetuar la especie.



Mas cuando eso se acaba y continúa la relación, ahí ya hay corazón: hay comprensión, aceptación, tolerancia y colaboración. Lo animal ya está transcendido, y queda lo humano: el amor. Cuando se acaba el querer, empieza el amar.

Es la falta de amor lo que vuelve a los hombres mezquinos; su carencia los lleva a la locura, a la perversión y a la desesperación. Es la falta de amor lo que tuerce al hombre hacia el sendero de la crueldad y la destrucción. El grado de maldad de una persona, podría decirse que es directamente proporcional a la carencia de amor en su corazón. Es la falta de amor una de las causas fundamentales de la infelicidad.

Desgraciadamente, hoy en día —y siempre hasta hoy—, son numerosas las personas carentes de amor; son demasiados los corazones vacíos, los corazones sin consuelo, los corazones cerrados, los corazones anhelantes de recibir pero cerrados a dar.


El amor es capaz de llevar luz a la caverna más oscura, pero su ausencia es devastadora; capaz de crear otra era glacial. Hay quienes argumentan incluso que el amor es la fuerza que une a los electrones, a las estrellas y a los planetas; que por amor evolucionan las moléculas y elementos, y que por amor surgió la vida. Es posible, ya que sin duda el amor es una de las fuerzas más poderosas que existen.


Vamos a ver ahora de dónde surge el amor, por qué amamos. Desde una visión puramente científica, el amor puede ser una de las mayores estrategias biológicas para perpetuar la especie. Es decir, el amor deriva de los instintos de supervivencia, a modo de perfeccionamiento evolutivo. Para entender esto tenemos que situarnos en los albores de la humanidad. La mujer necesita de nueve meses de gestación para producir un nuevo ser, y durante ese tiempo se vuelve vulnerable y necesita protección. Si el hombre no sintiera amor por su mujer, ¿qué le empujaría a permanecer con ella? Lo mismo sucede cuando nace el bebé, durante varios años es totalmente vulnerable y necesita de todo tipo de cuidados por parte de sus padres. ¿Qué pasaría si los padres no sintieran amor por sus hijos? No habríamos llegado hasta donde estamos. Se puede argumentar que con el instinto basta para criar, al igual que algunos animales, pero me parece insuficiente.


Algo similar pasa con la fraternidad y la amistad. El ser humano es más eficiente si trabaja en grupo, si caza en grupo, y tal vez los lazos de amistad surgieron por esa misma estrategia evolutiva que hemos descrito antes. En grupos numerosos, los hombres tuvieron mayores opciones de sobrevivir a las duras condiciones de los inicios. Hoy en día no necesitamos cazar en grupo, ni defendernos de depredadores, pero necesitamos de un grupo de amigos para mantenernos socialmente activos en el mundo, sin caer en la locura y la infelicidad. Zoon politikon, eso es el hombre según Aristóteles, un animal social.


Esta hipótesis parece razonable, pero a mi parecer, es insuficiente para explicarlo todo, tiene que haber algo más, pues, ¿de dónde surge el altruismo?, ¿el amor incondicional?, ¿la compasión? ¿Qué estrategia biológica puede tener el ayudar a personas desconocidas sin esperar obtener nada a cambio? Vamos a seguir investigando.


Caridad

A lo largo de la historia ha habido mucha barbarie, mucha crueldad, mucho egoísmo. Pero también ha habido quienes han predicado bondad, compasión, amor, no ya solo a los seres queridos, sino a todo el género humano. Para que esto sea así, ha de haber algo más que instinto, algo más que genética, algo más que «ciega evolución». Ha de haber algo poético, algo místico, algo divino, algo realmente Humano. Sí, humano, porque lo instintivo es animal. El amor es genuinamente humano, muy humano. El amor es lo que nos hace ser «seres humanos», lo que nos da «humanidad»... Si no poseemos amor, seremos solamente «hombres», animales de dos patas con cierta capacidad de raciocinio. Pero si hay amor en nuestro corazón, eso nos eleva a una categoría superior.


Hemos avanzado mucho como Civilización, poseemos leyes que protegen nuestra integridad y nuestra dignidad, pero aun así, una gran parte de la población mundial es torturada, maltratada, desconsiderada.... Millones de personas viven en la pobreza, sufren y padecen grandes injusticias. Sí..., todavía hay sobre la faz de la Tierra más hombres que humanos.


El amor ha de provenir de algún lugar más recóndito de nuestro ser, más profundo. El amor, más que un instinto, un sentimiento o una emoción, ha de ser una virtud, algo que proviene directamente de la divinidad. Esto que acabo de decir no tengo forma de demostrarlo, no obstante, lo digo. 


La compasión, ese tipo de amor sublime, tiene también mucha relación con la sabiduría, ya que sólo comprendemos aquello que hemos vivido en nosotros. Por lo general, tememos, odiamos y repudiamos aquello que no conocemos, pero si lo conocemos, si lo «sabemos», surge en nosotros ese innato impulso por ayudar a los demás; pues vemos nuestro dolor reflejado en el otro, y a consecuencia de esto, de esta comprensión, surge ese afán de colaboración. Este tal vez sea otro de los mecanismos del amor, de la compasión.


En resumen, podemos decir que hay tres tipos de amores: 


  • El que proviene del instinto.
  • El que proviene de las emociones.
  • El que proviene del corazón (no del músculo, sino de lo más profundo y divino de nuestro ser).
Por lo general instintos y emociones están muy ligados, y es difícil separarlos.

Por ejemplo, conocemos a una persona que nos atrae físicamente. Se activa en nosotros el instinto de procreación que pone en marcha el deseo de poseer dicha persona. Con un poco de roce —el dicho «el roce hace el cariño» es muy acertado—, surgen emociones de afecto, de ternura, de apego..., al igual que una proyección en el futuro con esa persona (después de un tanteo inicial, si vemos varias cualidades positivas, nos planteamos un proyecto de vida común con dicha persona, es decir, emparejarnos). Después, serán las experiencias compartidas y el desarrollo de nuestras emociones lo que forjará esos lazos de amor.


Lo que quiero hacer notar con esto, es que hay muchos factores que intervienen en las relaciones. Hay instintos subconscientes que mueven los hilos en nosotros, hay emociones que se van tejiendo así como un gran factor mental a modo de proyecciones, idealizaciones e ilusiones. Pero este tipo de amor siempre suele ser egoísta, en el sentido de que esperamos algo a cambio de algo.


El Amor con mayúsculas, que algunos relacionan con amor al Creador o con amor al prójimo, es en cierta medida inegoista, y a mucha gente le cuesta ya no sólo entenderlo, sino desarrollarlo. «Hay que amar», nos dicen. Sí, pero ¿cómo se ama si el amor no surge en nosotros? Porque el amor, o surge o no surge; o nos enamoramos o no nos enamoramos. Es fácil amar a tus padres, a tus hijos, a tu pareja y a tus amigos, pero no lo es tanto amar a los desconocidos. Es fácil enamorarse de una persona atractiva y bella, pero no lo es tanto de otra con cualidades menos deseables.


«¡Amarás al Señor tu Dios por encima de todas las cosas!», reza el primero de los diez mandamientos de la Tradición Judeocristiana. «¡Ama a los demás como a ti mismo!», decía Jesucristo. 


Pero, ¿cómo se ama lo que no se conoce? ¿cómo vamos a amar a los demás si apenas nos amamos a nosotros mismos? No ama el que quiere sino el que puede. Amar requiere de un gran trabajo interior, que empieza por nosotros mismos. Tenemos que aprender a respetarnos, a conocer nuestros límites, a aceptarnos como somos..., en definitiva, a amarnos a nosotros mismos.


¿Cómo amar a Dios, si no lo conocemos? No basta sólo con que nos digan «tienes que amar a Dios», porque no lo vamos a hacer, y si lo hacemos es por temor a las represalias o por el deseo de conseguir recompensas. ¿Qué niño puede amar a un padre que no conoce? Esto también requiere de un trabajo interior, de un trabajo de autoconocimiento, de hallar la divinidad dentro de nosotros. Se puede abrazar una fe, una religión, pero si no hay una percepción directa de algo, una experiencia mística que nos redima..., más que amor verdadero habrá obediencia, costumbre, ritual, creencia.


Eros, philos, agape

Tal vez Dios sea amor puro; tal vez Dios se manifieste en nosotros a través del amor, o el amor a través de Dios... Eso habrá que descubrirlo. Muchos lo dicen sí, pero insisto, hay que saberlo para que surja en nosotros algo genuino.


Tenemos que comprender, que encontrar en nosotros, que experimentar de primera mano que hay un Creador cuya expresión es el Amor, que no hay separación, que no hay amigos o enemigos, que todos los seres viajamos en el mismo barco, en la misma nave espacial llamada Tierra, y que lo que es bueno para uno, es bueno para todos. Tenemos que reconocer que todos somos una esencia perfecta emanada de la misma fuente. Cuando hay amor, el odio, la separatividad y la competencia se ven truncados por bondad, unidad y colaboración. Nos vemos reflejados en el otro, y al otro en nosotros. Hay comprensión, aceptación, tolerancia y colaboración.


Este es el Amor del que han hablado todos los grandes Maestros de la historia. Este es el amor que surge del alma, de la esencia de nuestro ser; ni es instinto, ni emoción ni pensamiento; simplemente sale del corazón y vuelve al corazón. Este es el ágape, y ser poseedor de él no significa que ya no tengamos a philos ni a eros. Al contrario, seguiremos teniéndolos, pero podemos diferenciarlos y disfrutar de ellos tres, sin tener esa confusión mental y emocional que teníamos hasta ahora.


Esto es lo que el mundo necesita para ser un lugar mejor: amor. Más agape, más philos, más eros. Mas compasión, más amistad, más ternura. No importa cómo, ni con quién, ni dónde, ni cuándo..., más amor es lo que hace falta; sublimar ese amor, descubrir las potencialidades del amor; ascender en la escala del amor, del primer peldaño al último. Amar más en definitiva. 


Así concluyo este discurso, al igual que lo he comenzado, indicando la necesidad de hablar menos sobre el amor, y de amar más, porque al final, las palabras son solo palabras, se las lleva el viento, y siempre se corre el riesgo de hablar en exceso o de no definir con suficiente precisión los conceptos. En cambio el amor..., el amor se hace carne, el amor se convierte en obras, el amor se escribe en piedra.


Allí donde hay amor, hay sabiduría;
donde hay sabiduría hay unidad;
donde hay unidad hay plenitud.


Fragmento del libro "El Uno sin segundo", de Aimar Rollán


4ª lección del curso de yoga para intermedios: YAMA (Ahimsa - Amor):




Introducción al YAMA: 1. Ahimsa

El yoga tiene 8 peldaños o etapas definidas, y la primera es el yama, la moral natural.


Yama significa «observancias o preceptos», pero para entenderlo bien, diremos que el yama son una serie de reglas éticas y morales.

El yama tiene 5 puntos:

1. Ahimsa (no violencia y amor)
2. Satya (verdad, veracidad)
3. Asteya (no robar)
4. Bramhacharya (moderación)
5. Aparigraha (no codiciar)

El primer punto del yama y el más importante (y probablemente el más importante de todo el yoga) es ahimsa.


Ahimsa - no violencia

Ahimsa

Ahimsa significa literalmente: «no violencia». El término lo hizo popular Mahatma Ghandi, que hizo del ahimsa su bandera. Paz, mansedumbre, no dañarnos a nosotros mismos ni a ningún ser vivo a menos que sea necesario, no utilizar la violencia para resolver los problemas, poner la mejilla derecha pero sin dejarse pisar... Ahimsa no es de personas débiles, sino de fuertes.


La no violencia no solo ha de ser física, también de palabra.

El yogui ha de procurar incorporar esa virtud poco a poco en sí mismo, para que pueda desprender un aura de paz y atraer la paz.

Ahora bien, no violencia es el aspecto pasivo del ahimsa, el aspecto activo es el amor.

El amor en su aspecto de colaboración, de caridad, de amor universal e incondicional hacia todos los seres, una cualidad de la que todos los grandes maestros de todas las épocas y tradiciones han hablado.

Es tan grande el significado del amor que le dedicaremos por entero el próximo artículo.

3ª lección del curso de yoga para intermedios.




Aimar Rollán


Introducción al asthanga yoga

Patanjali es considerado el padre del yoga, el gran sintetizador. Si bien él no creó el yoga, recopiló las técnicas existentes en su época y definió un método: el asthanga yoga.


Se cree que vivió en la India en el siglo III a. C., aunque no es segura la fecha exacta. Su obra más famosa, y probablemente la más famosa de cuantas existen sobre yoga, son los Yoga Sutras de Patanjali, donde expone la ciencia del yoga en breves y sintéticas frases (sutras).


Estatua de Patanjali

Al asthanga yoga (yoga de los 8 peldaños) también se le conoce como Yoga de Patanjali y como raja yoga. Es una de las seis doctrinas tradicionales del hinduismo (dharsana), junto con el Vaisesika, el Niaia, el Mimansa, el Shankia y el Vedanta.


No hay que confundir el asthanga yoga con el Asthanga Vinyasa Yoga, que es un estilo de yoga moderno (popularizado por Pattabhi Jois en el siglo XX) muy vigoroso que coordina cada movimiento con la respiración.



El yoga más practicado hoy en día es el hatha yoga, que es considerado como una rama del asthanga yoga, en lo que concierne al yoga físico (asanas, pranayama, relajación).

El asthanga yoga es más que un deporte o un mero ejercicio físico; el yoga clásico es todo un sistema filosófico, todo un método de vida, cuyos primeros peldaños atañen a la ética y a la moral, así como a una serie de hábitos saludables.

En el curso de yoga para intermedios veremos a fondo los 4 primeros peldaños:

1. Yama
2. Niyama
3. Asana
4. Pranayama


Aquí está el vídeo con la 2ª lección del curso.



Aimar Rollán (Gopal)

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